EL GRAN DESCHAVE: VERSIÓN ERÓTICA Y VIOLENTA, TORBELLINO BRUTAL DE PASIÓN
Bajo la dirección de Eduardo Pavelic, Daniel Loisi y Brenda Fabre
repusieron durante agosto, y lo que resta de setiembre y octubre, el clásico El gran
deschave, de Armando Chulak y Sergio de Cecco, estrenada en 1975 por Federico
Luppi y Haydee Padilla en el teatro Regina bajo dirección de Carlos Gandolfo.
La obra se ofrece en Brilla Cordelia, Perón 1926, los viernes a las 20.30, lugar
delicioso para tomar un café y pasar al subsuelo para enfrentarse a El gran
deschave.
Si aquella versión inicial fue un sacudón a la clase media baja sedienta de
una vida “importante”, mientras se desenvolvía en la cotidianeidad sin futuro,
esta puesta de Pavelic con Loisi y Fabre como protagonistas es realmente
perturbadora: oscila entre el erotismo y la violencia de dos que se aman pero
están sumidos en la chatura por condición social y por sus propios secretos.
En principio, ambos actores trabajan sus personajes desde el erotismo
subyacente en una pareja con 10 años de
casados, devenida en apática e indiferente entre sí. Solo una chispa falta para
generar el conflicto: el televisor se descompone. Suficiente motivo para
desatar un andarivel de emociones que van desde el golpe hasta el insulto,
desde el baile seductor de una Brenda Fabre que refriega su cuerpo en el de su
marido, hasta el “deschave”, esa revelación de hechos ocultos de manera hiriente
sobre amores pasados e infidelidades presentes. ¿Quién es más macho? ¿Ella con
su caracterización o él que la soporta y se burla vistiéndose con peluca rojiza y su pollera? El juego de Loisi y
Fabre en escena incomoda, inquieta, hay verosimilitud, o espejo de sueños
infieles o de realidades vergonzantes.
Sin dudarlo: El gran Deschave es un clásico de la vida diaria que hace vibrar de
principio a fin el ánimo del espectador, desde el instante risueño hasta los
otros, los que sacuden, duelen, interpelan con un lenguaje rudo, vulgar, que
resuena con brutalidad.
Daniel Loisi, destacadísimo dramaturgo, puestista, crítico y actor, le da a
su rol una profunda emotividad, desde la indiferencia hasta las lágrimas,
mientras que Brenda Fabre tiene una voz potente que afirma su rol sin perder
plasticidad corporal cuando se torna salvaje, desplegando su seducción con
violencia. Y obliga a su marido a desnudar sus frustraciones, sus secretos,
ambos están al límite de sus emociones hasta quebrarse y darse cuenta de que
convivir es un deschave constante sin cortapisas.
Es una de las mejores puestas que hemos visto de El gran Deschave, un
verdadero torbellino pasional, una obra adulta, dura, que puede ser espejo o
resonancia de lo que vivimos fuera del teatro. Es la vida misma cuando el espíritu falla. De visión obligatoria.
Elsa Bragato- Carlos Pierre