Toda biblioteca tiene un inicio en la generosidad de los privados. La Biblioteca Civica Ioppi, lugar cultural central de la ciudad de Udine, no fue la excepción. Primero fue la colección del Conde Ottavio Tartagna que donó con la ilusión de que se convirtiera en biblioteca pública. Pero no ocurrió. Luego fue la colección del caballero noble Andrea Francesco Giorgio Altesty en 1847. Recién en 1851 se nombró a un primer bibliotecario, y hacia 1866 tuvo su primer lugar, compartido con cuadros y elementos que luego fueron al famoso Castel d Udine, en ese momento, oficinas del gobierno y cárceles, en el llamado Palazzo Bartolini donde todavía se encuentra, habiendo adquirido en los últimos seis años una parte muy nueva en la esquina (Piazza Marconi, 8) o sea a pocos pasos de la vieja y querida entrada principal, hoy llamado “Atrio”. A estas alturas, debo decir que mi bisabuelo Luigi Bragato, artesano, ebanista y flautista o sea músico, fue una de las personas contratadas para empezar a armar los anaqueles. Posteriormente se sumó su hijo mayor, Giuseppe Bragato, socialista activo, delegado de Arte de la República de Venecia entonces, así como músico que podía tocar con facilidad la guitarra, el piano y la flauta. Al mismo tiempo, fue poeta, publicando en la Revista de Udine y también compositor.
En esta oportunidad fue la doctora y bibliotecaria
Cristina Marsili quien me hizo llegar la invitación para participar de L'iniziativa, dal
titolo "Un nome che attraversa l’oceano, da Udine a Buenos Aires.
Giuseppe Bragato e José Bragato nella storia della famiglia Bragato",
vuole essere un tributo alla straordinaria ereditá umana e artistica del Suo
prozio Giuseppe e di Suo padre, il Maestro José Bragato. Detrás de este
movimiento estuvo el profesor con especialización en migración ítalo argentino Javier Grossutti, recayendo la parte musical en
alguien que siempre se interesó por mi padre, buscando datos en internet, el
violoncellista maestro Mariano Bulligan, de vasta trayectoria internacional
como docente y solista.
Por ello quiero
agradecer con el alma a la señora Marsili, a la profesora ex bibliotecaria
Francesca Tamburlini, obviamente al profesor Javier Grossutti, “alma pater” de
este movimiento que demando meses de búsqueda en la biblioteca y al maestro
Mariano Bulligan que interpretó dos temas de mi padre, invirtiendo tiempo y
esfuerzo que restó a sus múltiples actividades. A veces la palabra “gracias”
queda tan pero tan corta. Pero no existe otra, más que decirles que ha sido un
hecho conmovedor, que cuando nadie me veía dejaba soltar mis lágrimas, que sentí que
no estaba en el mundo cotidiano sino entre hermosas nubes de reconocimiento a
toda la familia Bragato, aquélla que abandonó Udine en 1927 perdiéndolo todo y
empezando dos veces de cero en la Argentina. La segunda pérdida fue por la
brutal inundación de 1930, viviendo ellos en Saavedra, que arrasó con todo lo
que tenían. Jamás esperé vivir esta situación, estos reencuentros con personas
muy queridas vía zoom o emails. Por supuesto, así como Tony Bennett le canta a
San Francisco, yo le canto a Udine: dejé mi corazón en Udine, una ciudad que
siempre me llamó para que estuviera allí, a la que mi padre amo intensamente y
donde quiso morir pero su avanzada edad lo impidió. Allí descansan mis
antepasados, pude rendirles homenaje en nombre de la familia que abandonó todo
por temor a sufrir una Segunda Guerra o bien padecer el fascismo de Mussolini.
La ciudad de los teatros, de la música, del conservatorio, allí dejé mi
corazón, mi nostalgia, muchas lágrimas de emoción y un inmenso amor y gratitud
por todos. Así como mi padre y su familia volvieron a su lugar de origen, el
que siempre extrañaron, apenas dicho en familia, pero con el dolor en el
corazón de la pérdida definitiva. I left my heart in Udine… Firma: Elsa Bragato.

