Con estos
elementos históricos, sumados a la Campana de la paz, ubicada en el Parque
Memorial de la Paz de Hiroshima en 1964, o Gongs de Hiroshima, el maestro
Mariano Bulligan elaboró nueve temas sobre las secuencias cinematográficas
de Tessari: utilizó el Vcello, el Vcello eléctrico, el xilofón, la flauta
bamboo de Veronika Vitazkova, que incluyó la shakuhachi o flauta vertical de bambú japonesa,
utilizada originalmente por los monjes budistas Zen, además de una programación
precisa de los elementos para que, a través de 9 temas, fueran subrayando las
imágenes del realizador. En este caso nos referimos tanto a Good Morning
Hiroshima & Nagasaki como a It”s a long way to Tipperary con la
voz de Massimo Somaglino, así como hay referencias al Square Notation
Manuscripts, siglos 14 y 15, relacionados con los cantos sacros y una referencia
conceptual al Gong de Hiroshima.
Anime e sensi di colpa nos involucra directamente en el
mundo del crimen impune, que Bulligan logra con la inclusión del Vcello, mientras
se suman voces sacras y el toque musical oriental, uniendo, como filigranas
armónicas, culturas diversas que, en este caso, son lamentos, profundas
heridas, más que como respuesta, como preguntas a la sinrazón.
Submersus jacet japhaon suma elementos de diversa índole,
siendo el tema más complejo y completo porque nos sintetiza la voz del dolor
cósmico con la voz humana (Vcello), dentro de un intenso clima vibracional del
espanto inicial que el tiempo diluye, pero deja el clamor como alarma, como sonido
predictivo.
En los siguientes temas, No
Perdonin, por ejemplo, es la flauta la que sigue clamando por el dolor
inconmensurable. Es la voz oriental que no deja de sonar, como voz de miles,
siempre dentro de un clima de armonías brumosas, así como en La Scala el
trabajo armónico se occidentaliza sin dejar el llamado oriental a la reflexión,
pero con un tono más mesurado en el quejido de la flauta. Al llegar a La
Scala, como mencionamos, y a Kokura Rain, la introducción del
Bitbeatbot (creado por Albero Novello), pequeño aparato electrónico para emitir
sonidos, el mundo armónico nos lleva a la profundidad de la tragedia, teniendo
en cuenta que estamos en música conceptual, la cual puede interpretarse,
sentirse, por fuera de las imágenes pero que, sin duda, éstas la completan. En
Floating on the Sunkan Sign, surge la voz de Mariano Bulligan a
través de un trabajo técnico de superposición que, por un lado, nos remite al
bajo continuo barroco, mientras el sonido de la voz se alza en una melodía
similar al llanto calmo de un pueblo masacrado, para recuperarse rítmicamente
en pleno contraste con el clima musical generado hasta el momento. Se cierra
con Kimono under my skin, título que nos remite a una famosa canción norteamericana
pero aquí la connotación es oriental, es el kimono, y no el deseo amoroso,
bonus track con Vcello electrónico donde el manejo del arco juega sonidos a la
manera de arpegios que se quiebran y notas sueltas que se reiteran, dentro de
un clamor musical que nunca se abandonó desde el comienzo.
Es un
gran trabajo conceptual de Mariano Bulligan, al punto que la referencia, como
dijéramos, con el film se puede o no dar pero que en sí las armonías generadas
en instrumentos sintéticos de variada índole así como con diversas flautas,
atraviesan las tragedias de Hiroshima y Nagasaki para las que no hay respuesta
alguna ni la habrá. La mùsica es la mejor voz de estos pueblos para expresar el
inasible dolor de cuerpos y almas traducidos en armonías complejas por los
elementos empleados para acompañar las secuencias fílmicas. Bulligan alcanza un
clímax único, especial, a través de una concepción intelectual y espiritual de
un drama que no puede superarse. Magnífico trabajo, único en su género. fIRMADO: Elsa Bragato
