todo el dìa para arreglar la casa y dejar comida preparada para mi hija y mi marido. Esa redacción de los 80 tuvo personalidades que quiero rescatar. Incluso las obras que me dedicaron y regalaron, salvo las dedicatorias que he puesto en lugar especial, serán dadas a la Biblioteca del Duende, del profesor Hugo del Barrio, de Mar del Plata. Deben conservarse, deben mirarse, deben verse. Y no creo que mi descendencia tenga alguna intención de revisar quiènes fueron los grandes poetas, más contemporáneos a nosotros, sus abuelos, del tango, de la bohemia, de esas noches “reas” que eran de alcohol y poesía. Esto no lo entenderían. Por suerte, me tocó un padre que, siendo niña, me llevaba con èl a las grabaciones y luego a algún bar tipo los “snack” actuales por Corrientes donde los músicos bebían cerveza a rabiar.
En
Crònica, los del turno “Séptima de quinta” (o sea el turno número siete que, en
redacción general, debía preparar el material para la quinta edición del diario
que se imprimía poco antes de las 13 horas del dìa siguiente, yo estaba en
espectáculo general, en suplementos, y si me pedían ayuda, lo tenía que hacer.)
veíamos ingresar a las 23 horas más o menos a un señor bajito, con barbas, no
muy delgado, que siempre tenía la deferencia de saludarme, por el tango, porque
me apreciaba, no sè bien. Era don DANIEL GIRIBALDI, nada menos, el poeta d elos
“sonetos mugres”, quien me regalò una novela que voy a descubrir ahora, o sea
su borrador: “Quilmes tomadas en los jardines de Flores”, dando vuelta el
exitoso título de la obra de Jorge Asìs, otro amigo de entonces.
En estos movimientos de libros, me reencontré con su obra, y la digitalicè. Eso no se puede perder. Nada más que no sè si tenía familia como para entregársela. Es un INCUNABLE!!!!! La foto la tomé de TodoTango, de donde soy colaborada. No encontré otra. Porque a los poetas se los olvida fácilmente. Y Giribaldi fue un gran escritor, de novelas, de poesía y de crònicas periodísticas. Ojalá que estas lìneas sirvan de algo, un granito de arena para gente que forma parte de la identidad porteña. Firma: Elsa Bragato
